- La Organización advierte de que el encarecimiento simultáneo de la vivienda y los locales comerciales está expulsando a pequeños comercios de los barrios y dificultando el inicio de nuevas actividades
- Landaburu, «hay autónomos que empiezan el mes con dos alquileres por delante antes de haber ingresado un solo euro»
Madrid, 27 de agosto de 2026
La Unión de Asociaciones de Trabajadores Autónomos y Emprendedores (UATAE) alerta de que el encarecimiento de la vivienda y de los locales comerciales está sometiendo a miles de trabajadores autónomos a una presión difícilmente sostenible, especialmente en las grandes ciudades y en aquellas zonas donde los precios han experimentado mayores incrementos. UATAE reclama abordar conjuntamente dos problemas que habitualmente se analizan por separado. Para un autónomo que necesita un establecimiento para desarrollar su actividad, el alquiler no termina en la puerta de su casa, cada mes debe asumir también el coste del espacio en el que trabaja. «Puedes vender más, trabajar más horas o intentar ajustar gastos, pero hay costes fijos que han alcanzado un nivel que un pequeño negocio sencillamente no puede compensar», expone María José Landaburu, secretaria general de UATAE.
La situación afecta especialmente al comercio, la hostelería, las peluquerías, los talleres y numerosos servicios de proximidad que necesitan un espacio físico y no pueden trasladar su actividad a una vivienda o desarrollarla exclusivamente por internet. UATAE advierte de que el precio de los locales está modificando además el tejido comercial de numerosos barrios. Cuando una actividad tradicional cierra y el alquiler disponible resulta inasumible para otro, disminuyen las posibilidades de que el establecimiento vuelva a ser ocupado por una actividad independiente. El resultado, señala la Organización, es una progresiva sustitución de pequeños comercios por operadores con mayor capacidad financiera, establecimientos vinculados a grandes cadenas o locales que permanecen cerrados mientras esperan arrendatarios capaces de asumir rentas más elevadas.
«Cuando desaparece una librería, una ferretería, una frutería o un bar de toda la vida porque no puede pagar el alquiler, no estamos hablando únicamente del cierre de un comercio», sostiene Landaburu. «Estamos cambiando también el barrio y recuperar ese tejido después es extraordinariamente difícil». La Organización considera especialmente preocupante el efecto que esta situación tiene sobre quienes quieren iniciar una actividad. A la inversión necesaria para poner en marcha un negocio se añaden fianzas, garantías, reformas y alquileres que pueden convertir el acceso a un local en la primera gran barrera antes incluso de levantar la persiana. Por ello, UATAE reclama abrir el debate sobre el mercado del alquiler comercial y estudiar medidas específicas para proteger la continuidad del pequeño comercio y las actividades de proximidad. Entre ellas, políticas que incentiven la salida al mercado de locales vacíos a precios razonables, mecanismos públicos o municipales de intermediación, ayudas vinculadas al mantenimiento de actividades consideradas esenciales para los barrios y una mayor utilización del parque de locales de titularidad pública.
La organización pide también que las políticas de vivienda tengan en cuenta la realidad de los trabajadores autónomos, cuyos ingresos pueden variar considerablemente de un mes a otro y que encuentran dificultades añadidas para acreditar solvencia pese a disponer de actividades económicamente viables. «Estamos hablando mucho de quién puede permitirse vivir en nuestras ciudades, y es imprescindible hacerlo, pero tenemos que empezar a preguntarnos también quién puede permitirse trabajar en ellas», apunta Landaburu. Para UATAE, ambas cuestiones están cada vez más relacionadas. Si los trabajadores no pueden asumir una vivienda y los pequeños comercios no pueden asumir un local, las ciudades terminan expulsando tanto a quienes viven en ellas como a buena parte de las actividades que les dan servicio.

