- El informe evidencia las barreras del sistema de protección para el trabajo autónomo
- Más de la mitad del colectivo reclama más formación y recursos en prevención
- Landaburu, “la prevención no puede depender solo del individuo en un sistema que no protege”
Madrid, 8 de abril de 2026
La salud laboral en el trabajo autónomo sigue siendo una realidad invisibilizada. El informe del Observatorio del Trabajo Autónomo de UATAE, realizado a partir de una muestra de 800 participantes, señala que el 17% de las personas autónomas ha sufrido algún problema de salud relacionado con su actividad profesional, una cifra que refleja la existencia de riesgos reales en el ejercicio cotidiano de muchas profesiones. Sin embargo, la gestión de estos problemas pone de manifiesto las limitaciones del sistema. Entre quienes han sufrido problemas de salud, el 42% no los ha comunicado ni gestionado a través de los canales oficiales, como mutuas o Seguridad Social, lo que apunta a una infradeclaración significativa.
Esta falta de comunicación puede estar relacionada con múltiples factores, desde la complejidad administrativa hasta el miedo a perder ingresos en caso de baja, configurando un contexto en el que la protección efectiva queda debilitada. El estudio también refleja una demanda clara de mejora: el 52% de las y los autónomos quiere recibir más formación o recursos específicos adaptados a su actividad, lo que abre una ventana de oportunidad para reforzar las políticas públicas en este ámbito. “Cuando un autónomo no comunica un problema de salud, muchas veces no es porque no quiera, sino porque el sistema no le protege lo suficiente”, ha señalado María José Landaburu, secretaria general de UATAE. “Necesitamos un modelo que garantice seguridad, derechos y acompañamiento real, la prevención no puede seguir siendo una responsabilidad individual en un contexto de tanta precariedad”.
En este sentido, apuntan que la salud laboral en el trabajo autónomo no puede seguir abordándose desde los mismos parámetros que el empleo por cuenta ajena. La dispersión de actividades, la ausencia de estructuras preventivas internas y la dependencia directa de los ingresos diarios generan un escenario especialmente vulnerable. A diferencia de otros regímenes laborales, muchas y muchos autónomos asumen en solitario la gestión de riesgos, sin herramientas suficientes ni respaldo institucional efectivo. Esta continuidad forzada del trabajo, incluso en condiciones adversas, no solo puede agravar patologías existentes, sino que incrementa el riesgo de nuevas afecciones, consolidando un círculo de precariedad y deterioro de la salud difícil de revertir.
Desde UATAE insisten en la necesidad de adaptar los mecanismos de prevención a la realidad del trabajo autónomo, incorporando medidas específicas que tengan en cuenta la diversidad de sectores y situaciones. Entre las propuestas, destacan la simplificación de los procedimientos administrativos, el refuerzo de la cobertura durante las bajas y el desarrollo de campañas de sensibilización que fomenten la cultura preventiva sin penalizar económicamente a quienes la necesitan.

